PARALÍMPICOS LONDRES 2012: El día después

Los Juegos Paralímpicos han terminado. Atrás han quedado 9 días en los que las imágenes más impactantes del deporte adaptado de alta competición han invadido el mundo, gracias al despliegue mediático que Londres ha conseguido de estos juegos.

Ahora, de forma un tanto superficial, muchos hablarán de superación, voluntad y esfuerzo. Otros, en cambio, criticarán el exceso de deporte que dan en la televisión pública, aduciendo que “la pagamos todos”. Y los más puristas y analíticos, intentarán saber el cómo y el porqué las cosas les han ido bien, no tan bien o rematadamente mal.

Precisamente esto último es lo que intentaremos ahora y aquí respecto a la actuación global del equipo español, teniendo en cuenta que lo haremos como espectadores conocedores de parte de los entresijos del deporte adaptado, no como exdeportistas, ni como técnicos, ni como directivos, puesto que estamos lejos de  la realidad que ha motivado cada actuación individual y también de la política federativa o de los planteamientos del plan ADOP.

La valoración de los resultados

España ha terminado los juegos con 42 medallas en total (8 de oro, 18 de plata y 16 de bronce), en el puesto número 17 del ranking general. Puede que muchos no valoren este resultado como bueno ni malo, sino todo lo contrario, reiterando la importancia de las archiconocidas etiquetas de la superación, la voluntad, el esfuerzo, el tesón y todo lo que se quiera añadir… de “estos pobres chicos”. Es aceptable, ¿no?

A los más optimistas éste les puede parecer un magnífico resultado si se compara, por ejemplo, con el que obtuvo el equipo español en los recientes Juegos Olímpicos (17 medallas en total), aunque esta sería una comparación odiosa por muchos motivos. En tercer lugar, están los que lo valorarán como un mal resultado, comparándolo con el obtenido en los Juegos Paralímpicos de Beijing, hace sólo 4 años, en los que se consiguieron 58 metales (15 oros, 21 platas y 22 bronces) y España clasificó en el lugar número 10 del medallero general.

Nosotros, que estamos entre estos últimos, intentaremos, de forma breve, apuntar algunos de los motivos que pueden haber incidido en estos resultados, sin que ello signifique que los estemos justificando, ni tampoco que estemos ejerciendo una crítica feroz contra todo lo que se menea. Simplemente, expresamos intuiciones, posibilidades y opiniones. Ya sabrán los responsables del Comité Paralímpico Español (CPE) cuál ha sido la realidad y que hay que hacer de ahora en adelante.

Una comparación perversa

Para el público en general, poco experto en deporte adaptado, diremos que la comparación de los resultados de España en los Juegos Paralímpicos (JP) con el resultado en los Juegos Olímpicos (JO) es perversa y desviada donde las haya. Básicamente, porque en los JP se disputan muchas mas pruebas que en los JO, puesto que hay muchas mas categorías de discapacidad. Por poner un ejemplo, en los JO todos los nadadores que disputan los 50 metros libres de natación lo hacen con el objetivo de obtener una medalla de las tres que hay en juego, en cambio en los JP hay varias pruebas de 50 metros libres, en función de las categorías que hay (de la S1 a la S14), aunque algunas de ellas están agrupadas, y por cada grupo de categorías se disputan las tres medallas posibles.

Unificación de categorías

Precisamente esta agrupación de categorías, en deportes como la natación, el atletismo o el tenis de mesa, podría motivar en parte (he dicho ”podría” y “en parte”) la disminución de medallas obtenidas por España en Londres respecto a las obtenidas hace 4 años en China. Esta agrupación de categorías en JP se hace básicamente por motivos económicos (para reducir el número de pruebas), estéticos y logísticos. Pero claro, cuantas más pruebas se unifiquen, mas perjudicados salen los atletas de las categorías bajas, que son los más discapacitados. Esto les ocurrió a la pareja española de tenis de mesa formada por Jordi Morales y Álvaro Valera, que lograron plata en S6-S8, cuando al terminar la competición, se quejaban amargamente de haber tenido que competir contra una pareja polaca que eran de categoría superior (por tanto, con una discapacidad que les daba más movilidad en el juego).

La primera evaluación del Comité Paralímpico Español

El Comité Paralímpico Español (CPE), de boca de su máximo mandatario Miguel Carballeda (el que habló de la “roja coja” refiriéndose al combinado español antes de los juegos), ha dicho que “están contentos” con los resultados y los ha justificado en parte, con el hecho de que en Londres participaran 24 países mas que en Beijing hace 4 años. No me parece que los tiros vayan por ahí, porque dudo que esos nuevos países hayan quitado metales a la delegación española, especialmente porque se trata de pequeños países que hasta ahora no tenían Comité Paralímpico y que en Londres han empezado su andadura con pequeñas representaciones de atletas. No sé a ustedes, a mi no me cuela.

Yo diría más bien, que hay algunos países que han optado seriamente por el deporte adaptado y que preparan muy a conciencia los JP. China ha arrasado en el medallero con 231 medallas, por las 211 que logró en su propio país hace 4 años. Rusia ha subido del 8º al 2º puesto de la clasificación, con un total de 101 medallas.  Australia ha traído a Londres una selección  compacta y potentísima. Y Gran Bretaña, como buena anfitriona, ha presentado un bloque muy sólido, incluso en deportes en los que no solía destacar.

“¡Eh, que son países enormes comparado con el nuestro!”, me dirán, no sin razón. Pero es que Ucrania, Irán, Alemania, Polonia, Italia, Corea, Cuba y Túnez, también han quedado por delante de España. Es cierto que el método de clasificación es injusto, porque prevalecen los oros sobre las demás medallas. De hecho, si la clasificación se hiciera por número absoluto de metales, España hubiera quedado en 10º lugar. En esto, tienen razón los miembros del CPE cuando dicen “que les fallaron los oros”. Yo, socarronamente y medio en broma, por seguir el símil de los naipes, diría que lo que ocurre es que “pintan bastos”.

Tampoco me cuela la historia de que se han conseguido 24 cuartos puestos y no sé cuantos diplomas paralímpicos, insinuando con ello que “estuvimos a puntito, a puntito, pero nos faltó suerte”. Eso pasa en todas las competiciones donde hay medallas; ya se sabe, después de la medalla de bronce viene la de chocolate. Pero ya pasó en China y pasará siempre. La suerte, si quieres tenerla, tienes que buscarla y pelearla hasta la extenuación. Y nada más. Su falta no puede justificar nunca, ni parcialmente, los resultados globales de una competición tan variopinta y de tanta envergadura como los JP.

Curva descendiente

España, que tradicionalmente ha sido una potencia en el deporte adaptado, quedó 5ª en los JP de Barcelona 92 (107 medallas), repitió posición en Atlanta 96 (106 medallas), fue 4ª en Sidney 2000 (106 medallas), 7ª en Atenas 2004 (71 medallas), 10ª en Beijing 2008 (58 medallas) y 17ª en Londres 2012 (42 medallas). Dejando de lado el número absoluto de medallas por la variabilidad de las pruebas, la unificación de categorías antes mencionada y otros motivos menores, lo que sí reflejan los números es un claro descenso en el lugar absoluto de la clasificación a partir de los JP de Atenas en el año 2004. Este hecho debe ser analizado en profundidad, sin excusas ni paliativos, porque tiene que haber algo más que el “factor suerte” que lo justifique.

Errores puntuales y profesionalidad

Por otro lado, aunque hay que decir que, globalmente, el equipo español ha sido competitivo y que estamos convencidos de que sus componentes, de forma mayoritaria, han dado lo mejor de sí mismos, es de justicia comentar algunos errores detectados, de forma puntual y con nombres propios, que han afectado, aunque no de forma determinante, el resultado del medallero. Hablamos de alguna celebración a destiempo cuando al día siguiente te juegas el oro, de algún bajo rendimiento por falta de forma física o de algún exceso de confianza, que suelen pagarse caros a la hora de la verdad.

Estas situaciones puntuales, aunque afectan los resultados globales, no manchan en absoluto la profesionalidad, la entrega y el esfuerzo de la inmensa mayoría de deportistas españoles que, seguramente, han dado todo lo que han podido dar. Baste constatar, como ejemplo conocido por el gran público, la maravillosa actuación de Teresa Perales que, a sus 36 años, se ha ido de Londres con 6 medallas y para la cual, ya hemos agotado los adjetivos de admiración. O el gran capitán del equipo de baloncesto en silla de ruedas, Diego De Paz, que se ha retirado de la selección en estos juegos con un dignísimo 5º puesto del equipo, después de 23 años de defender la camiseta española. Bravo por ellos, bravo por la inmensa mayoría de deportistas y carbón para los que fallaron cuando los pronósticos les daban como favoritos.

El duro peso de la natación española

Una vez más, la natación adaptada española ha sido la encargada de maquillar la clasificación final del medallero, aportando 22 de las 42 medallas que ha conseguido España (más del 50 por ciento). Este es un peso al que la natación adaptada ya está acostumbrada, pero no deja de ser un lastre difícil de llevar, más aún teniendo en cuenta que en Londres la aportación del atletismo y el ciclismo, deportes que hasta Beijing ayudaban a completar el medallero español, no han llegado a sus expectativas, aunque hayan cumplido aportando algunos metales.

Pero este magnífico equipo de natación, que ha dado y sigue dando éxitos al deporte español, va a tener, como todo, fecha de caducidad. Nombres como Perales, Ten, Rodríguez, Oribe, Leveqc, Floriano, Morales o Luque, han pasado ya a la mitología de la natación adaptada española. Ahora, habrá que buscar nuevos nombres para crear nuevos mitos. ¿Los tenemos o habrá que fabricarlos en los próximos cuatro años?

El relevo generacional

Es cierto que hemos visto algunos jóvenes valores españoles que pueden, si no se tuerce el proceso de maduración deportiva, dar buenos éxitos en los próximos JP de Río de Janeiro. Son nombres como Michelle Alonso, como Expósito, como Gascón. Pero también es cierto que otros nombres, gloriosos ellos por merecimientos propios, no estarán en Brasil dentro de 4 años o bien su participación en pleno estado de forma es, como mínimo, incierta.

Y nos preguntamos: ¿quién tomará el relevo de deportistas como “Chano” Rodríguez, Teresa Perales, Diego De Paz, Ricardo Ten, Richard Oribe y un largo etcétera? ¿Está España preparada para afrontar un relevo generacional (en todos los deportes) sin ver comprometidos todavía más sus resultados en los próximos JP? Y derivada de esta última cuestión, ¿se trabaja de forma adecuada y suficiente como para que el próximo ciclo paralímpico dé el fruto de una generación de deportistas que puedan mejorar el palmarés español en Brasil 2016?

España ha acudido a los JP de Londres sin representación en Futbol 7, Goalball, Hípica, Rugby ni Voleibol. ¿Lograremos dentro de cuatro años estar representados en todos los deportes como corresponde a una potencia mundial?

En Baloncesto en silla de ruedas, Boccia, Esgrima, Halterofília, Remo, Tenis, Tiro con arco y Vela, deportes en los que había representación española, no se ha conseguido ni una sola medalla, aunque en alguno de ellos el papel haya sido más que digno. ¿Bastan estos resultados para ir a los próximos JP con posibilidades reales de mejora en estas modalidades deportivas?

¿Y ahora qué?

Se abre ahora un largo y duro ciclo paralímpico que durará 4 años mas, hasta culminar en Rio de Janeiro en el verano del 2.016. Un ciclo que se verá afectado por la crisis económica global y en el cual no será fácil encontrar los recursos necesarios, no solo para mantener el nivel del deporte paralímpico español, sino para aumentarlo y volver a llevarlo a los niveles de Atlanta o Sidney. Es verdad que volver a quedar entre los 5 primeros países de unos Juegos Paralímpicos se antoja en estos momentos una utopía, viendo como las grandes potencias han apostado de firme y con rigurosidad por el deporte adaptado. Aún así, el Comité Paralímpico Español no puede ni debe conformarse con estar entre los mediocres, aunque sea por el respeto y la admiración que merecen todos aquellos deportistas, técnicos y directivos que se partieron el pecho, desde los inicios del deporte adaptado español en 1956, por encumbrarlo como uno de los mejores del planeta.

 

 Josep Bernabeu

C. E. Horitzó